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Jan van Eden - Bibliografia

 

Fundación ALCORT Binéfar, 2007
discurso de apertura

 

Texto Francisco Jose Porquet

Autoridades, señoras y señores, buenas tardes y reciban la más cordial bienvenida en nombre de la Fundación Alcort y su presidente, Miguel Ángel Córdova, a este protocolo de inauguración de la exposición "El observador ante el caos" del pintor Jan van Eden, holandés de cuna, español de amores y cosmopolita de fliación. Mi encargo es el de romper ﷓si lo hay﷓ el hielo de los preámbulos, y como la sinceridad siempre es buena compañera ante un micrófono, ya les advierto de que no domino con capacidad de experimentado crítico el mundo de la pintura, ni mucho menos. Consciente de ello, se me ocurrió que para salir del trance de esta presentación lo mejor era charlar unos minutos con Jan y perfilar al personaje, y así lo hice, y vaya por delante que el breve cruce de palabras con el artista me encantó. Voy con las cuatro pinceladas.

Jan es un chaval nacido a mediados del siglo pasado que, al contrario que Peter Pan, no se ha negado a crecer, sino que lo ha hecho a borbotones y siempre con el alma encendida y la mente preocupada por todo cuanto le rodea. Se equivoca quien crea que no le gusta este mundo cual si fuera discípulo de una escuela flosófica pesimista, y acierta quien diga que está molesto, muy molesto, con ciertas directrices del poder y el orden establecido. En vez de tantas palabras, bastaría con señalar que es un rebelde. Un rebelde con causa. A los 18 años, cuando le tocaba ir ala mili en su país natal, le hizo un corte de mangas a los de arriba y se marchó a África, lo que vino a ser un autodestierro por cuanto la ley le impedía retornar a casa hasta cumplir los 35. Eran tiempos de guerra en Vietnam y Jan militaba en el movimiento antibelicista, y su decisión fue un ejercicio de coherencia. A la par, y aún estando inmerso en estudios de matemáticas, ciencias naturales y geología, decidió ser pintor contra viento y marea. Me dijo textualmente: "Quería ser pintor. Necesitaba ser pintor'. Y no rebló hasta conseguirlo.

Completamente autodidacto, con los ojos de la curiosidad siempre abiertos y predispuesto a experimentar y evolucionar, reconoce que no se doctoró en pintura hasta los 40 años. Antes de ver satisfechas y reproducidas sus inquietudes creativas en un formato acorde con su visión de la realidad, llenó cientos de cuartillas con esbozos y bocetos que no le terminaban de convencer. Con simpatía y sin pizca de vanidad, el lo cuenca así: "Estaba convencido de que tenía cierto talento, pero me faltaban ritmo y método de trabajo. Me gustaba mucho el expresionismo figurativo alemán, y yo quería hacer una pintura que hablase, que n emocionase e inquietase al espectador. Lo demás no me interesaba. Otro pintor en el que me fijé fue Antonio Saura, al que admiro por el mensaje político de muchos de sus cuadros, por utilizar el arte contra la dictadura y los abusos. En la vida hay grandes verdades que contar, y esto es lo que me motiva y alimenta mi inspiración”.

Jan, valga la comparación, es un periodista que utiliza el pincel en lugar del teclado de ordenador. Está enfadado porque hay niños de mirada horrorizada en Palestina y un ciento de lugares más repartidos por todo el mundo, por las barbaridades de las cárceles de Guantánamo e Irak y por el humo de las Torres Gemelas de Nueva York, y también, dando un giro de 180 grados a su paleta de colores, porque apenas nos saludamos por la calle atrapados por la vorágine cotidiana, por la prisa de los ejecutivos que parecen ir a todas partes y a ninguna, porque en un mismo telediario coinciden bellas modelos sobre una pasarela, imágenes de hambruna y dolor, un salón de automóviles de alta gama y otro de tanques y ametralladoras de última generación, e, incluso, porque un tal senador McCarthy se inventó hace 50 años una caza de brujas que atemorizó y amordazó momentáneamente a una legión de artistas y gente normal. Caza que con el paso del tiempo otros han reeditado con mayor o menor efectividad. Si vale el juego de palabras, el lúcido pintor discrepa de que este prohibido discrepar.

Opina Jan que la información que hoy nos llega está sesgada, y echa de menos una prensa más libre, de ventanas abiertas y no sometida a los criterios economicistas o la presión de los poderes fácticos que atentan contra la objetividad, a veces sin apenas darnos cuenta. Si funda un partido político con estas premisas, yo me apunto el primero. Jan oficia el papel de "observador atónito ante el caos", pero no se limita a mirar, sino que se atrinchera con los débiles y perjudicados. Es el Pepito Grillo que toma la fotografía del prisionero iraquí encapuchado y la trasporta a un cuadro para que perdure y nos refresque continuamente la memoria, ese archivo sobresaturado y, por lo mismo, tan propenso en la actualidad a dormirse. Caza la realidad, la que duele, no la de paisajes idílicos, y se erige en notario de la sinrazón. Como los expresionistas, como Antonio Saura, como todos los rebeldes con causa.

El dibujo preciso y cercano a la placa fotográfica es seña de identidad del artista, al menos en la actual etapa, una más de las muchas que ha quemado en su periplo vital. De hecho, las imágenes de calle que captura con su cámara o las que rescata de un periódico le sirven de modelos. Luego, difumina o levanta un rasgo, según convenga, para dejar en el aire un interrogante o subrayar lo que le interesa, y en todo momento busca la complicidad del que mira para que se convierta en "otro espectador ante el caos". Le pregunté que por qué conviven en una misma sala de exposición hermosas mujeres, hombres torturados y niños apresados por el miedo, y me contestó que el contraste es uno de los detonantes de la reflexión. Jan, hombre con perspectivas sociales y culturales panorámicas por los miles de kilómetros que han recorrido sus piernas de geólogo, está convencido, acudiendo al tópico, de que otro mundo es posible y que cada cual, en su pequeña o gran parcela, debe hacer algo para cambiarlo. Él cumple su parte pintando, denunciando, advirtiendo, cuestionando... e invitando al espectador a subirse al carro, que decimos por aquí.

Acabo. Los cuadros de esta sala me traen a la memoria los comic que en mi juventud de los años setenta casi todos de autores sudamericanos o españoles exiliados, y siempre de guiones cómplices con la libertad y críticos con el opresor me enseñaron cosas y casos que "tapaba" esa información sesgada de la que hemos hablado, muy vigente en aquellos tiempos predemocráticos y grises. Los tebeos que nada tenían que ver con el Capitán Trueno, Supermán y demás tropa me hicieron pensar, que es de lo que se trata. Como hacen una obra de teatro seria, un ensayo, la canción de un cantautor o un cuadro que, a su manera, grita. Ojalá que disfruten de las viñetas de Jan van Eden, el geólogo que no hizo la mili, el artista con doble influencia del Alto Aragón -la de Antonio Saura y la de su encantadora esposa Pepa, que es de esta tierra-, y el inconformista que un día se dijo a sí mismo; "tanto como el aire, necesito ser pintor". En los prolegómenos de las fiestas mayores de Binéfar, otro espléndido regalo cultural de la Fundación Alcort.

Excusen el imprevisto pareado de cierre y muchas gracias por su atención

Francisco Jose Porquet
Binefar

 

 

 

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